¿Es que no entiendes que puedo convertirme en estatua y no poder desatar la potencia?
El corazón se acelera y noto que la vida se concentra en ese pequeño espacio que me oprime, y no entiendo que me mires y veas sangre en mis labios porque bien podría habérseme escapado por los ojos o haberse evaporado en el infierno en que me convierto. Cada latido es un impacto más duro contra la piedra, que en lugar de resquebrajarse se endurece más y más a la vez que se enciende, desactivando toda capacidad de raciocinio, y entonces ni actuar ni pensar puedo con claridad.
Solo ver lo que me rodea acercándose a velocidad de estrella fugaz, mil objetos y momentos a los que no puedo pedir más que el deseo de que cese el tambor o de que alguien sienta el incendio bajo la tensión muscular y me lance contra el suelo para dejar escapar el vapor apresado. ¿No entiendes que a veces el dolor solamente se cura con dolor? Y que una caricia puede ser tan lacerante como un cristal roto...
Aunque si la benevolencia de ave mutilada te conduce alguna vez a escucharme, utiliza un espejo. Que el espíritu descubra su luminosidad y se ciegue, que la conciencia muera entre gritos de éxtasis.