sábado, 29 de marzo de 2014

¿Dónde está?


La chica sin cabeza mira a través de la ventana. Los sentimientos entran dentro de la habitación y rozan su piel.
La atraviesan y le hacen sangrar lágrimas dulces que inundan sus venas. Allí donde hubiese estado su cabeza, o donde antaño se encontraba, si es que la había tenido alguna vez, hace bailar sus manos al ritmo que marcan los sentimientos, y el tiempo comienza a danzar a su alrededor, con sus segundos desligados entre sí:

Un vendaval de emociones le hace describir movimientos suaves y descompasados, que de tanto en tanto se convierten en golpes, en espasmos que convierten sus brazos en ramas entumecidas movidas por un viento que no siente.

Comienza a llover y la chica sin cabeza siente el extraño calor de la lluvia veraniega, el impacto de las gotas que se adhieren a su piel como si siempre le hubiesen pertenecido y quisiesen penetrar de nuevo en el que había sido su hogar hasta que la chica sin cabeza había dejado de creer que tenía una.

El viento cesa y el aire se torna pesado, el aire pesado e irrespirable del día más caluroso del verano, en el que dar un paseo se torna un cansado bracear entre la humedad del ambiente.
Entonces siente como una fina película comienza a cubrirla por completo, adhiriéndose a ella, asfixiándola.
Se ve obligada a tirarse al suelo y retorcerse para intentar aliviar la presión que la inyección de agua provoca en cada poro de su corteza.

Las gotas de lluvia corren ahora por su sangre, y la chica sin cabeza llora con la desesperación de alguien que se da cuenta de que nunca tuvo lo que creyó tener, de que el pasado es el futuro y el futuro solamente es un vacío que no podrá llenar nunca.
Grita sacando la voz de su estómago, un estómago lleno de agua y barcos de papel naufragados que una vez tragó con la esperanza de que los sueños que había escrito en ellos zarpasen hacia la eternidad dentro de ella.
"Caza mi alma, apresúrate. Cázala para que pueda saber que una vez fue libre, cázala para que pueda liberarla."


Se ha convertido en el rompeolas de la vida, y el mar que azota su alma hace ya tiempo que desgastó su sonrisa. Pero ahí está la chica sin cabeza, gritando por encontrarse, por conseguir rasgar sus cuerdas y sacar una melodía a su voz.

Lo que desconoce es que sin boca nadie podrá escucharla, sin ojos nadie podrá retirar la cortina tras sus pupilas para sumergirse con ella en la marea que la ahoga, sin nariz no podrá respirar el aire fresco tras ser rescatada, y que sin oídos, no podrá escuchar respuesta alguna.


Y, por desgracia, nunca tuvo lo que creyó tener.

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